
En esta telaraña de cables enrulados permanece, en espera, tu corazón esclavo.
A clientes argentinos, estadounidenses, mejicanos y españoles, rep abnegado, habrás de asistir con la actitud del Quijote.
Si no hay tiempo para hablar sobre cosas que atormentan, trata de mantener la calma, aunque haya contingencia.
Que no te angustie la exactitud de un saludo ridículo.
Que no te acobarde el ring incesante de llamadas entrantes.
Que no temas a la presión de tiempos, métricas y objetivos.
Que no te asuste la mirada examinadora de un coordinador, pues sabes bien que él también es presa de la impaciencia de un gerente de cuenta.
Nada en tu labor será tan insoportable mientras sobren miradas cómplices, sonrisas y muecas de compañeros incondicionales.
Octubre 4, 2008 a las 2:21 am |
Creo en los cafés, en el diálogo, creo en la dignidad de la persona, en la liberad. Siento nostalgia, casi ansiedad de un Infinito, pero humano, a nuestra medida. (Ernesto Sábato)
Raise your glass
Noviembre 28, 2008 a las 9:50 pm |
[...] Hace doce meses me daban la magnífica noticia de que me despedían del call center. Creo que nunca había experimentado semejante felicidad: ya no más dolores de oídos, ya no más estrés, ya no más jefes inoperantes y, sobre todo, ya no más bronca. La gente pensaba que estaba loco. Después de todo, ¿quién se alegra de que lo echen de su trabajo? [...]