Salió caminando rápido, con el impulso de querer correr (pero no lo hizo para que la gente no se diera cuenta de su apuro), concentrándose en el movimiento agitado de sus pies que lo llevarían a un lugar seguro.
La cuadra le pareció eterna. Los pasos largos y contracturados. El sudor deslizándose por la espalda, el sol castigándole el rostro. Tratando de escapar de lo que podría arrebatarle el alma de un zarpazo y arrastrarla hacia atrás. Sin querer darse vuelta, dirigiendo la vista temblorosa hacia abajo, mirando sin mirar.
Será mejor quedarse con el recuerdo del padre que solía ser. Se dio cuenta de que su “padre” murió como tal, para pasar a convertirse en otra cosa, en alguien más. Aunque seguía siendo la misma persona, sintió que no estaba frente a él. No se reconoció en sus ojos. Quizás porque ya no se siente más “hijo”.