Un “cacho” de cultura

By Federico Gauffin

 

     No me avergüenza admitir que, cada vez que me toca cubrir un espectáculo lírico, me pongo contento. Me siento más culto, me imagino que alguien me pregunta: “¿Qué hiciste anoche?”, a lo que le sucede una respuesta con altura y distinción: “Fui a la ópera”.

 

     Salta (y aquí peco de orgulloso y no paso por el marco de la puerta) tiene orquesta y ballet propios. Así que tenemos la suerte de culturizarnos un poco, aunque todavía nos queda bastante que aprender, ya que aplaudimos más cuando vemos una hazaña artística que al final de cada escena.

 

     Como todos (sobre todo los salteños) saben, la obra se compone de una serie de actos en los que los bailarines interpretan a un personaje determinado. Por suerte, antes de que empiece la función, los acomodadores reparten un programa que ayuda a entender mucho más lo que está pasando sobre las tablas y a identificar quiénes están bajo las luces.

 

     Mi falta de pericia acerca de estos temas hace que desvíe mi atención hacia otros detalles que me parecen interesantes o, más bien, cómicos. Sin embargo, estuve casi todo el tiempo que duró el espectáculo haciendo una mueca de dolor, solidarizándome con los pobres artistas que estaban en todo momento parados sobre la punta de los pies. Que alguien me explique, ¿por qué semejante tortura?

 

     A juzgar por el grado de liviandad en los saltitos de los bailarines, se puede determinar claramente cuáles cenaron empanaditas de acelga y cuáles se metieron al buche una buena milanesa con papas fritas.

 

     Un danzarín llamó especialmente mi atención: era flaco pero, de algún modo, estaba fuera de forma, no parecía estar concentrado como el resto de sus compañeros y respiraba agitadamente, como si estuviera corriendo una mega maratón de veinte kilómetros. Eso me hizo reflexionar (además de lo perjudicial que resulta el cigarrillo) sobre el esfuerzo de los demás quienes, a pesar de las exigencias físicas que demanda esta profesión, esbozaban una sonrisa de oreja a oreja.

     Apenas si sé qué es una pirouette, una cabriole o un arabesque pero, por más que me interiorice en el tema, los saltitos con movimientos “amariposados” de los pies, no dejan de provocarme una risita socarrona. Miro hacia mis flancos para ver si alguien empatiza con mi cara de “dale, reíte conmigo”…Pero nada, che. Todos tienen un “cacho” de cultura.

5 comentarios para “Un “cacho” de cultura”

  1. Sole Dice:

    Como estas? Lleque aca curoseando otrosblogs, especificamente el de Rodolfo Serrano.
    Me ha hecho mucha gracia leer tu cronica sobre el espectaculo que debiste cubrir, fundamentalmente cuando te preguntas,por que tanta tortura? hice clasico durante 11 o 12 años y una vez que te acostumbras a las zapatillas de punta, aseguro que no duelen

    Respecto del flaco desalineado que se quedaba sin respiracion, mori de risa…Muy comico tu relato, pero no por eso deja de ser informativo.

    Hermosa tu provincia, conozco varios salteños que viven n Bs As. Saludos

  2. Capitana del espacio Dice:

    Cuando vi qeu en el título decia “cacho” pensé que hablabas de Castaña Jajaja me engañaste malo!!!!

    No fui jamás a una ópera, no se dio… estimo que lloraría de principio a fin!

    Beso chico culto!

  3. magui Dice:

    hey hola..como va?..me gusta lo qe escribis..muy interesante..bsos!

  4. Federico Gauffin Dice:

    Sole: me alegra que te hayan gustado el post y mi provincia. ¡Bienvenida!

    Capitana del espacio: ¡osooooo!

    magui: ¡bienvenida!

  5. Isabelius Dice:

    Hola chico…llegué a tu página a través de la de Ismael Serrano…Y me sorprendí leyendo algo relacionado con la danza desde un punto de vista curioso…yo también he bailado durante casi 20 años, y bueno, no sé qué espectáculo fue el que viste, pero lo que es cierto es que logró transmitirte algo. Sí, las puntas son a veces una tortura, pero la danza es como una droga…cuanto más tienes, más necesitas…Hoy día la echo de menos.

    Ve a ver algo de contemporáneo…posiblemente, alguien más en la sala se ría contigo:)

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