Alfonsín y nuestra herencia

By Federico Gauffin

 

     Cuando tenía cinco años mi madre me vistió de rojo y blanco y me arrastró a la calle. Apurados, compramos una boina y una banderita con los mismos colores y nos unimos a miles de personas en la Avenida Belgrano de Salta, mi ciudad. Poco entendía yo de tanta movilización y poco recuerdo de aquella noche pero lo que permanece intacto es la sensación de excitación, de alegría. “Va a volver la democracia”, me dijeron los grandes. Me subieron a los hombros de alguien y, a metros de mí, un hombre enérgico en sus palabras y en su tono de voz nos aseguraba que con la democracia se vota pero también se come, se cura y se educa. Fue en 1983 y el hombre era Raúl Ricardo Alfonsín.

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     Los argentinos vivíamos épocas oscuras y violentas. La falta de libertad de expresión y de prensa, el miedo, la opresión y el secuestro indiscriminado de personas por parte de los gobiernos militares ya no tenían sustento ni aceptación popular y, pronto, la situación se les iba a ir de las manos. La guerra de las Malvinas fue el último manotón de ahogado, miles de proscriptos sufrieron las consecuencias y la Argentina la condena mundial. Para entonces, Alfonsín ya era militante de la Unión Cívica Radical, partido en el que no era la primera figura pero tenía una gran fuerza. Con un pequeño grupo de gente de su confianza empezó a investigar los rastros de los secuestrados, sin tener ni a un solo conocido entre los desafortunados. Dedicó su vida a buscar cura para los recurrentes problemas de un país azotado por la violencia y por los arrebatos de quienes querían ejercer el poder: “Los argentinos debemos volver a ser pioneros, debemos marchar hacia nuevas metas, con la dignidad recuperada de los hombres libres, con la alegría de una libertad creadora”. Alfonsín apareció en escena política como una figura refrescante y se presentó ante la sociedad como el garante de la recuperación de las instituciones. Frente a la mecánica del terrorismo de estado, propuso una salida pacífica: “Vamos a constituir la unión nacional y consolidar la paz interior”.

     Ganó las elecciones y asumió el 10 de diciembre del mismo año, fecha del Día Internacional de los Derechos Humanos. Fue una época inolvidable porque dejábamos atrás el terror: “Compatriotas, iniciamos una etapa nueva de la Argentina”. Luego de recuperar la libertad para nosotros, lo reconocimos como el padre de la democracia. Nunca renunció a llamar al diálogo: “Es imprescindible que nos demos cuenta de que tenemos que trabajar juntos, que es necesario el diálogo, no simplemente entre gobierno y oposición…”. Y sí, Raúl tenía un espíritu conciliador, igual a un padre que aconseja a sus hijos para que no estén enemistados.

     Y como todo padre que tuvo aciertos, también cometió errores. La medida más recordada del gobierno alfonsinista fue hacer lo que ningún gobierno latinoamericano se había atrevido: juzgar a los militares. Al mismo tiempo creó la Comisión Nacional de la Desaparición de Personas (CO.NA.DE.P.), presidida por Ernesto Sábato. Después de un año de trabajo, el informe titulado Nunca Más se hizo público con las pruebas de más de ocho mil desapariciones -una tarea muy ardua pero nunca suficiente, pues los desaparecidos fueron varios miles más-. Pero luego de que los militares fueran sentenciados, Raúl promovió las leyes de obediencia debida y de punto final: él no quería que los juicios atravesaran a la sociedad con las controversias que generaban y con toda su carga emocional. La medida encendió los ánimos de las asociaciones vinculadas a las víctimas del proceso militar y de muchos que lo criticamos pero él -equivocado o no- tenía la fuerte convicción de que lo hacía por nuestro bien. En ese momento nos dimos cuenta de que, además de ser nuestro presidente, también era humano.

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    Alfonsín murió en su departamento, rodeado de su familia, como un hombre común, sin opulencia, sin lujo. Fue el único presidente de la Argentina de los últimos tiempos que no tuvo que desfilar por tribunales y el único que no se creyó con el derecho de enriquecerse por sólo haber detentado el poder. Hoy, 2 de abril, fue enterrado. En la misma fecha de 1983 se convocaba a las elecciones y el mismo día también se rinde homenaje a los veteranos y a los caídos en la Guerra de Malvinas.

     Hoy, los argentinos nos sentimos un poco huérfanos. Pero Alfonsín nos dejó una herencia: un ejemplo, una esperanza y un consejo. Será nuestro modelo de honestidad, sinceridad, cordialidad, y templanza. Nos inculcó la convicción de que nunca más habrá un gobierno no elegido por los argentinos y que esto que dependería de nosotros: “Mientras estemos persuadidos de que es imprescindible comprender que la democracia no sólo es libertad sino que también es búsqueda de la igualdad, iremos conformando una sociedad más libre, una sociedad que es -en definitiva- la respuesta que nosotros y nuestros hijos esperan para una realidad que es necesario mejorar”. Finalmente, nos aleccionó para que no sigamos a líderes, sino a ideas.

     Si hay algo que caracteriza a los jóvenes argentinos de mi generación es que casi no tenemos convicciones políticas. Pero estamos seguros de que Raúl fue el presidente más democrático, más libre de prejuicios y más amplio de pensamiento. Fue idealista, sensato, íntegro, decente. En definitiva, fue un buen hombre, un orgullo para el que se siente argentino y para el que quiera serlo. Vivimos una pérdida pero nos podemos consolar advirtiendo todas las cosas provechosas que nos dejó, asumiendo el compromiso de seguir y de transmitir su ejemplo de vida y conducta y reconociendo el privilegio de contar con sus ideas, que han dejado marca indeleble en la historia argentina.

     El mismo día que murió, mi mamá estaba de rojo y blanco por casualidad. Me conmovió tener que contarle la noticia al mismo tiempo que la veía vestida con esos colores. Al día siguiente, cuando asistió a una misa que se oficiaba en la Catedral de Salta en memoria del presidente, eligió la misma combinación para rendirle homenaje. Después de veinticinco años yo ya no me visto de rojo y blanco pero sigo el consejo que Alfonsín nos dejó: no seguir a un partido político o a un líder, sino a las ideas. Y esos ideales son los que voy a transmitirles a mis hijos.

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8 comentarios para “Alfonsín y nuestra herencia”

  1. Germanico Dice:

    Me conmovió lo de tu mami. A mi me causo mucha tristeza tambien esto. No pude con mi genio y fui al Congreso durante el velatorio, aunque había un mundo de gente. Nunca vi, hasta ayer, tanto sentimiento cívico.
    Saludos

  2. Capitana del espacio Dice:

    Hermoso post Fede, sobre todo el final. La verdad que me emocionaste porque creo lo mismo. Te mando un beso grande!

  3. Inés Dice:

    Fue un día de profunda tristeza. Recordé a mi padre, militante radical, el tambien me llevaba a los actos con la boina blanca. Tuve el honor de conocer a Alfonsín y me cautivó, me atrapó su sencillez y su buen trato. El sentido del honor, de hacer lo correcto, los ideales, ser firmes con nuestras convicciones, la tolerancia, el respeto… Fueron la herencia que me dejaron hombres como mi viejo y Alfonsín. Gente de bien que la verdad se extrañan y se necesitan todo el tiempo. A pesar de los errores, trascendieron los aciertos, las virtudes. Muy bueno el post GOf. Un besote enorme.

  4. Federico Gauffin Dice:

    Germanico: si hubiera estado en Buenos Aires, seguro que te acompañaba.

    Capitana del espacio: ¡otra cosa en la que somos parecidos! ¿No seremos parientes, che?

    Inés: conozco la historia de los Brandán con el presidente y me acordé mucho de ustedes con todo esto. Me imagino que debe haber sido jodido pero bueno, como vos decís, tu viejo y Alfonsín dejaron cosas muy positivas, ¿no?

  5. Huevo Dice:

    Comparto absolutamente todo lo que escribis sobre Alfonsin, y me emociona mucho la historia que escribís.
    Lamentablemente, y sin ánimos de discusión o de ideologizar sobre el tema, y además de todo ese flujo nostálgico que nos provocó la muerte del ex presidente; no puedo dejar en el olvido la situación económica que nos hizo vivir y que nos dejó… sin terminar su mandato. La verdad es una lástima, pero es una verdad que tampoco debemos olvidar.
    Igual (repito) está muy bueno que se reconozca lo bueno de las personas o de las gestiones, debemos recordar siempre lo bueno y lo malo, para poder crecer como ciudadanos y/o personas.

  6. Blus Dice:

    Excelente el post, me acuerdo como hoy el día que se votó allá en el ‘83 a pesar de mis escasos 4 años…

    Creo que la gran movilización que generó el fallecimiento de Alfonsín encierra un doble mensaje: por un lado el homenaje al gran estadista que fue, pero también una señal a los políticos actuales sobre la transparencia, austeridad y valores cívicos que nos gustaría ver en ellos y que no se asoman ni por casualidad; ojalá tengamos muchos “alfonsines” más, aunque en esta realidad en la cual el poder político enceguece no parece ser posible.

    Saludos Fede!

  7. Cerdos y Cerdas Dice:

    Interesante blog
    saludos

  8. Federico Gauffin Dice:

    Huevo: no comparto del todo tu postura (hay que ver la Argentina que le dejaron a este presidente las dictaduras militares) pero la respeto. ¡Pase y deje saludos cuando quiera!

    Blus: ¡ojalá!

    Cerdos y Cerdas: gracias, ¡bienvenido!

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