Archivo de Octubre 2009

Soltero no se hace: se nace

Octubre 20, 2009

Hace tiempo publiqué una guía sobre todo lo que no se debe hacer para que aquellas situaciones de interacción con el sexo opuesto no se transformen en momentos de lastimoso galanteo. Tómense estas líneas como instructivo para entender un nuevo flagelo que acongoja a los hombres de mi generación y como una continuación de las infelices situaciones en las que me vi envuelto a la hora de hacerme el galán.

Quizás en tu grupo de amigos todavía quede algún soltero que no enganche ni con ganzúa. No seas mala persona y no lo molestes porque sufre de una enfermedad muy común de este nuevo siglo: el “computismo” (se manifiesta con el síntoma de soledad desasociada, acompañado de sedentarismo extremo y de un tremendo olor a patas).

Se trata de un trastorno que -al igual que la carencia de fotogenia- se manifiesta desde el nacimiento y es una variación de la “soltería” de la centuria pasada. El aislamiento que genera Internet y el maravilloso mundo virtual perjudican a estas inocentes víctimas que asumen su condición frente al reconfortante tiqui-taca del teclado, defendiendo hasta la muerte que es mucho más placentero aprender a hacer un elefantito de papel por origami.com, que agarrar un libro por primera vez en años.

Imagen de fuente desconocida

Si alguna vez tiene el infortunio de quedar desconectado del mundo, maldice y saca trabajosamente su voluminosa existencia a la luz del sol en busca de un cyber-café. Nada le impedirá que en su Facebook siga cargando operías sobre cuestiones a las que nadie le interesa, para que las vea el único contacto que le quedó -todos lo bloquearon por escribir arbitrariamente la frase “hablemos de discriminación” en los muros ajenos-. Nada le vedará el deseo compulsivo de mantener su cuenta de Twitter más actualizada que la página de Clarín en épocas de sanción de la ley de medios audiovisuales.

Imagen de fatboyclub.blogspot.com

Pero el sujeto de estudio, aquí citado, también sale a la calle -muy de vez en cuando- por otros motivos. Es en esos vertiginosos minutos en los que queda totalmente a la deriva y sin amparo, si tiene que comunicarse con alguna mujer (algo que pasa, sobre todo, cuando uno se olvida su masculinidad colgada en el perchero). Debo comunicarles, con pesar, que he notado -en una sola conversación-  algunos indicios de dicha afección en mi persona:

Indicio 1:

- Hola, ¿vos sos Ana? ¿Te acordás de mí? Fuimos compañeros de coro cuando éramos chicos.

- ¡No me digás que sos Federico! ¡Me acuerdo que comías queso rallado en los ensayos! ¡Jajajajaja! ¡Qué asco!

- …

Indicio 2:

- Sí, je. Soy yo. ¿Cómo estás?

- ¿Seguís comiendo queso rallado?

- (Y dale que va…) Sí, a veces. ¿Salías del gimnasio este?

- Sí, vine a averiguar si hay Pilates pero mejor no vengo acá, porque vos sí venís acá, ¿no? Menos mal porque buena falta te va a hacer con esa panzota, jajaja. ¿Recién empezando con el ejercicio?

- …

Indicio 3:

- No, no, hace seis meses que vengo.

- ¡Uh! Bueno, ¡cómo habrás estado antes!

- …

Indicio 4:

- ¿Tetttteeee… nés Facebook?

- ¡Chau, chau!

- …

¡Son nuestros!

Octubre 16, 2009

Hace veinte años me gustaba cantar a los gritos. Mis padres pensaron seriamente que era hora de invertir en el incipiente talento de su criatura mandándola a un coro, en vez de ser cruelmente aturdidos en casa. Fue así como al los ocho años empecé mi promisoria carrera artística en un coro de niños que también cantaban a alarido limpio, igual que yo.

Estaba en la gloria, aprendiendo a cantar más agudo y a mayor volumen -sin que ello implicara algún aparente esfuerzo-, conociendo otras ciudades de mi provincia, haciendo nuevos amigos, embriagado del vértigo que producía estar en la fila de adelante -era el más petiso- y venciendo día a día mi pánico escénico.

Imagen de buscandounasalida.com

Un par de años más tarde, en un encuentro coral, un conjunto nuevo aparecía en escena pero este se destacaba entre los demás: los chicos cantaban distinto, sonaban diferente, se movían en el escenario y (¡qué horror!) a veces actuaban desde la platea.

Nuestras limitadas cabecitas no nos permitían comprender por qué “los nuevos” generaban tanto interés en los -antes nuestros- oyentes. En vez de admirar esta nueva forma de hacer música coral y de emular la impecable técnica vocal que dominaban “los recientes contrincantes”, nos burlábamos de cómo movían la boca, de sus gestos y sus movimientos, confesábamos que sentiríamos mucha vergüenza si perteneciésemos a ese grupo. Claro, éramos chicos y poco -casi nada- sabíamos de música.

Imagen de buscandounasalida.com

La traición de Laura

En un festival a mi coro le tocó actuar en primer lugar. Hacía tiempo que veníamos notando que Laura no participaba de nuestras burlas y, esa misma noche, entendimos por qué: casi al final del espectáculo la descubrimos cantando con esos chicos que, ante nuestros ojos, eran ridículos.

Para todos, la decisión nuestra compañera fue una traición. Pero yo veía su forma de proceder de otra manera: sospeché que esa nena estaba disfrutando de la interpretación, vi que tenía una soltura que para nosotros era desconocida, intuí que la estaba pasando bien. Sí, Laura estaba contenta y yo quería sentirme como ella.

Nunca más volvimos a verla en los ensayos y hasta dejó de saludarnos cuando nos encontrábamos, seguramente por miedo a que nos mofáramos de ella. Habíamos perdido a una amiga y la culpa era toda nuestra.

¿Cambiar yo?

Mi madre advirtió el potencial del flamante coro y trató de convencerme para que me cambiara. Pero yo no iba a traicionar a mis compañeros (tampoco me causaba gracia pasar a ser objeto de las agresiones) y mucho menos a mi orgullo. Me negué, entonces, rotundamente.

Pronto,  cansado de las mismas piezas musicales de siempre, fui perdiendo interés por el canto y abandonando mis expectativas de cantante consagrado por la crítica universal (realmente estaba convencido de que cantaba bien… Y mi mamá también). Por la misma época, las noticias del “coro enemigo” iban aumentando en importancia: “Salteñitos de gira por Europa”, “Coro salteño recibido por el Papa en el Vaticano” y otros títulos por el estilo. Los demás me escuchaban renegar de ese éxito ajeno pero, secretamente, me ponía muy feliz saber que les estaba yendo tan bien y oír que cada vez cantaban mejor.

“Ars Nova” se escribe con clave de sol

El coro del que estoy hablando se llama “Ars Nova” y sus integrantes son verdaderos artistas: cada uno de ellos es un solista -algo que parece imposible de concebir en una formación coral- pero todas las voces juntas suenan como una sola. Son expertos en manejar con gran ductilidad cada uno de los matices musicales que atrevidos entonan y dibujan, en notas precisas, desde la más tenue dulzura hasta la más abrupta eclosión-. Chicos que, además de cantar, tienen una capacidad de interpretación que genera, en quienes los escuchan, sentimientos y sensaciones.

Estocolmo - Concierto en Nybrokajen - Imagen gentileza de Betty Briones

Ya tiene veinte años y ha cosechado tanto que es imposible enumerar todos sus logros. Sólo por nombrar alguno, acaba de recibir -el 10 de septiembre pasado- el Premio Konex en la categoría coro, algo que es muy meritorio, ya que es la primera vez en la historia de la Fundación Konex que se le otorga un premio de características académicas a un coro de niños y jóvenes. Para los que no lo saben, este galardón se otorga a los artistas más reconocidos de nuestro país y, en la mayoría de los casos, los más aclamados por el público internacional -la Camerata Bariloche, Daniel Barenboim, Carlos López Puccio, y Luis Gorelik (director de la Orquesta Sinfónica de Salta) también fueron premiados en la misma ceremonia-.

Imagen de fundacionkonex.com

Su directora, Ana Beatriz Fernández de Briones, lleva las riendas de este sueño compartido con tantos salteños. Pero muchos compatriotas no dimensionan del todo cómo es considerado el coro en el mundo. Claro, lo que pasa es que generalmente no se aprecia lo que uno ya tiene y parte de esta nota tiene que ver con eso: Ars Nova es nuestro, es salteño, es argentino, enorgullezcámonos de eso.

Podés verlos hoy mismo

Hoy, viernes 16 de octubre, el Coro de Niños y Jóvenes Ars Nova realizará un concierto homenaje por el Día de la Madre. La cita es en la Iglesia San Alfonso (Leguizamón 850 de la Ciudad de Salta) a las 21:15.

Yo no me lo pierdo. ¿Y ustedes?

Presentación en Estocolmo - Imagen gentileza de Betty Briones0083 - 12 - Cierre de temporada 2008Copenhague - Concierto en St Paul Kirke - Imagen gentileza de Betty Briones

De Suecia a Dinamarca en Ferry - Imagen gentileza de Betty BrionesCopenhague - Imagen gentileza de Betty Briones

0083 - 06 - Arboga - Concierto Didáctico en Trefaldighets Kyrkan - Imagen gentileza de Betty Briones0083 - 07 - Concierto Didáctico en Arboga - Imagen gentileza de Betty Briones

Visita a la Escuela “Federico Gauffin”

Octubre 1, 2009

Hace un año, cuando se hizo la presentación de la recopilación de textos de mi bisabuelo, mi familia hizo una promesa: todo el dinero recaudado por las ventas del libro “Obras completas de Federico Gauffin” sería transformado en ayuda para la escuela que lleva su nombre -situada en Campo Largo, en las inmediaciones del Chaco Salteño-.

La escuelita - Imagen de Pilar Gauffin

Imagen de Pilar Gauffin

El 15 de agosto pasado, la primera parte del compromiso (esperamos poder seguir ayudando) se cumplió. Las donaciones llegaron a la escuelita en manos de cinco nietos del escritor  -mis tíos Pilar, Marisa, Andrés, José y Marcelo Gauffin-, quienes se aseguraron de que cada uno recibiera lo que necesitaba.

Fue un viaje con muchas emociones pero mejor dejo que Pilar cuente lo que vivieron (el texto tiene algunas pequeñas modificaciones que le hice al original para adaptarlo a la lectura en el blog):

Pequeño relato de la visita (por Pilar Gauffin):

Cuando llegamos a la Escuela “Federico Gauffin” y comenzó la fiesta para los chicos. Para nosotros era todo un desafío recordar algunas caritas que, después de tres años, habían cambiado mucho. Abrazos y besos con ellos, y también con María la ordenanza, con Fermina y otras madres y abuelas. No conocíamos a la maestra Miriam porque ella asumió recién este año, es una chica con gran vocación para el magisterio.

Los padres de la Cooperadora se habían ocupado del almuerzo: empanadas fritas y asado de chiva, lechón hecho en horno de barro y un poco de puré de papas. Después de sacudirnos la tierra del camino, de acomodarnos al calor que hacía en esos momentos en el Chaco, de lavarnos las manos con un jarrito y de saludarnos con  todos, acompañamos a los chicos mientras almorzaban -que ya habían rezado agradeciendo los alimentos que iban a recibir-. Luego comimos nosotros con los grandes, gente simple y muy generosa.

Durante la siesta hizo más calor aún pero los chicos tenían energía para rato y querían mostrarnos sus juegos, sus cabras, su madrejón. Hacia allí fuimos Marisa -mi hermana- y yo. Los chicos estaban fascinados con las fotos y las filmaciones, querían posar de mil maneras y verse inmediatamente en las pantallitas de las cámaras.

Los chicos y las cabras - Imágenes de Marisa Gauffin

De vuelta en la escuela llegó el momento de las canciones y las danzas. Cantan a los gritos, con el corazón. Las chicas tienen vergüenza de los chicos y no los querían cerca, pero después se animaron y, aunque sea entre hermanas, bailaron chacareras y chamamés.

Y llegó el momento de los regalos: la maestra leyó el acta donde constan las cosas que llevamos. Los elementos de jardinería les gustaron mucho (es importante que fortalezcan la cultura de la huerta para poder incorporar vegetales en su alimentación). El equipo de DVD, los parlantes, las películas, los CDs de canciones escolares, los diccionarios y otros elementos escolares también fueron muy bien recibidos.

Las zapatillas les encantaron, había chiquitos descalzos, que caminan cuatro kilómetros a la escuela diariamente. Por ejemplo, Robertito y sus hermanitos.

Changuito patapila - Imagen de Marisa Gauffin

La maestra agradeció a la familia del escritor Federico Gauffin por ser padrinos de la escuela y de los chicos. Por supuesto dejamos un libro del abuelo para la biblioteca de la escuela.

Estos chiquitos, en ese medio tan árido y en su pobreza, son muy alegres y dados, muy compañeros entre ellos. Son adorables. La fiesta terminó con un partido de fútbol, en el que levantaron más polvo que el viento que llegaba con fuerza al Chaco.

Imágenes de Marisa y Pilar Gauffin

Imágenes de Marisa Gauffin

Al día siguiente -después de dormir bajo el magnífico cielo del Chaco, tachonado de estrellas- firmamos el libro de actas de la escuela. Vimos unas fotos de nuestro padre -Alejandro Gauffin- y, en el libro de actas, consta una visita que él hizo en el año 1966, si mal no recuerdo. Bueno, mi “pequeño relato” se extendió. De mi parte y de mis hermanos, gracias por habernos permitido llegar nuevamente a la escuela con la recaudación de la venta del libro “Obras completas de Federico Gauffin”. ¡Qué bueno que ahora esta iniciativa se extienda a toda la familia!

¡Gracias Marcelo, José, Pilar, Andrés y Marisa por ser los portadores de tan buenas noticias!

¡Gracias Marcelo, José, Pilar, Andrés y Marisa por ser portadores de tan buenas noticias!

Nota: las fotos y los videos son innumerables. Espero haber elegido los más representativos.