Hace un año, cuando se hizo la presentación de la recopilación de textos de mi bisabuelo, mi familia hizo una promesa: todo el dinero recaudado por las ventas del libro “Obras completas de Federico Gauffin” sería transformado en ayuda para la escuela que lleva su nombre -situada en Campo Largo, en las inmediaciones del Chaco Salteño-.


El 15 de agosto pasado, la primera parte del compromiso (esperamos poder seguir ayudando) se cumplió. Las donaciones llegaron a la escuelita en manos de cinco nietos del escritor -mis tíos Pilar, Marisa, Andrés, José y Marcelo Gauffin-, quienes se aseguraron de que cada uno recibiera lo que necesitaba.
Fue un viaje con muchas emociones pero mejor dejo que Pilar cuente lo que vivieron (el texto tiene algunas pequeñas modificaciones que le hice al original para adaptarlo a la lectura en el blog):
Pequeño relato de la visita (por Pilar Gauffin):
Cuando llegamos a la Escuela “Federico Gauffin” y comenzó la fiesta para los chicos. Para nosotros era todo un desafío recordar algunas caritas que, después de tres años, habían cambiado mucho. Abrazos y besos con ellos, y también con María la ordenanza, con Fermina y otras madres y abuelas. No conocíamos a la maestra Miriam porque ella asumió recién este año, es una chica con gran vocación para el magisterio.
Los padres de la Cooperadora se habían ocupado del almuerzo: empanadas fritas y asado de chiva, lechón hecho en horno de barro y un poco de puré de papas. Después de sacudirnos la tierra del camino, de acomodarnos al calor que hacía en esos momentos en el Chaco, de lavarnos las manos con un jarrito y de saludarnos con todos, acompañamos a los chicos mientras almorzaban -que ya habían rezado agradeciendo los alimentos que iban a recibir-. Luego comimos nosotros con los grandes, gente simple y muy generosa.
Durante la siesta hizo más calor aún pero los chicos tenían energía para rato y querían mostrarnos sus juegos, sus cabras, su madrejón. Hacia allí fuimos Marisa -mi hermana- y yo. Los chicos estaban fascinados con las fotos y las filmaciones, querían posar de mil maneras y verse inmediatamente en las pantallitas de las cámaras.

De vuelta en la escuela llegó el momento de las canciones y las danzas. Cantan a los gritos, con el corazón. Las chicas tienen vergüenza de los chicos y no los querían cerca, pero después se animaron y, aunque sea entre hermanas, bailaron chacareras y chamamés.
Y llegó el momento de los regalos: la maestra leyó el acta donde constan las cosas que llevamos. Los elementos de jardinería les gustaron mucho (es importante que fortalezcan la cultura de la huerta para poder incorporar vegetales en su alimentación). El equipo de DVD, los parlantes, las películas, los CDs de canciones escolares, los diccionarios y otros elementos escolares también fueron muy bien recibidos.
Las zapatillas les encantaron, había chiquitos descalzos, que caminan cuatro kilómetros a la escuela diariamente. Por ejemplo, Robertito y sus hermanitos.

La maestra agradeció a la familia del escritor Federico Gauffin por ser padrinos de la escuela y de los chicos. Por supuesto dejamos un libro del abuelo para la biblioteca de la escuela.
Estos chiquitos, en ese medio tan árido y en su pobreza, son muy alegres y dados, muy compañeros entre ellos. Son adorables. La fiesta terminó con un partido de fútbol, en el que levantaron más polvo que el viento que llegaba con fuerza al Chaco.


Al día siguiente -después de dormir bajo el magnífico cielo del Chaco, tachonado de estrellas- firmamos el libro de actas de la escuela. Vimos unas fotos de nuestro padre -Alejandro Gauffin- y, en el libro de actas, consta una visita que él hizo en el año 1966, si mal no recuerdo. Bueno, mi “pequeño relato” se extendió. De mi parte y de mis hermanos, gracias por habernos permitido llegar nuevamente a la escuela con la recaudación de la venta del libro “Obras completas de Federico Gauffin”. ¡Qué bueno que ahora esta iniciativa se extienda a toda la familia!

¡Gracias Marcelo, José, Pilar, Andrés y Marisa por ser portadores de tan buenas noticias!
Nota: las fotos y los videos son innumerables. Espero haber elegido los más representativos.
















