Llueve intensamente en la Plaza de la Victoria. Lamento no contar con un paraguas ahora: el que heredé de mi padre ya está muy desvencijado y no es admisible comprarme uno nuevo, son caros y los traen de no sé qué país extranjero.
Nunca creí que las cosas iban a llegar a este estado: independizarnos de España es un pensamiento que nunca se me cruzó por la cabeza. Hace diez días una fragata inglesa trajo los periódicos que afirmaban lo que ya se venía debatiendo acaloradamente en las calles de mi ciudad: Napoleón invadió España. Es muy difícil vaticinar de lo que va a ocurrir de ahora en adelante pero, mientras aguardo que amaine este chubasco, el rumor de que finalmente tendremos un gobierno propio se hace cada vez más fuerte.
Hay un par de chisperos que hace días que vienen arengando a mis vecinos; escuché por ahí que son Domingo French y Antonio Berutti. Gracias a ellos los últimos acontecimientos se extendieron como reguero de pólvora. Cuentan que Belgrano, harto de los debates bizantinos de los jóvenes revolucionarios, irrumpió en la sala de los cabildantes y, con la mano derecha sobre la cruz de su espada, juró por la Patria y por sus compañeros que si el Virrey no dejaba su cargo, lo derribaría con sus armas. Por lo visto la advertencia ha dado resultado: una mujer que lucía su vestido de domingo me acaba de contar que Cisneros ha renunciado, presionado por un grupo de jóvenes plenos de coraje.
Mi primo Mariano, uno de los cabildantes, con una curiosa mezcla de excitación y alegría me anunció que las cosas estaban a punto de cambiar. Me dejó paralizado en la puerta de la jabonería, en donde lo encontré. Yo también quiero un cambio para mí, mi familia y los habitantes de este Virreinato. La soberanía debe estar en nuestras manos, de eso no cabe la menor duda. Pero… ¿a qué precio? No me gustaría que Buenos Aires fuera aplastada por el puño de Fernando VII si volviera al trono, ni por las botas de Bonaparte. Mariano dice que, si el pueblo no se ilustra, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que sabe, nuestra suerte será mudar de tiranos sin destruir la tiranía. Y creo que tiene mucha razón.
Me dijeron que ese sueño, que parece inalcanzable, ahora está tan cerca que ya se puede tocar… Me dijeron que podremos dejar de ser un Virreinato para empezar a ser un país en donde todos podremos vivir en paz y sin tiranos… Me dijeron que seremos libres… Me dijeron…
¡Shhh! ¡A callar! ¡Alguien sale al balcón para anunciarnos algo!
