Archivos de la categoría ‘Mi triste historia como rep’

Insomnio laboral

Junio 2, 2008

 

     (Esta historia empezó acá).

 

     (El capítulo anterior es este).

 

     La noche anterior al primer día de trabajo me moría de los nervios. Las expectativas revoloteaban  en el aire pesado de mi dormitorio y parecía que me iba a caer duro de felicidad.

 

     “¿Cómo serán mis compañeros y mi jefe? ¿Será muy difícil? Si el trabajo es para atender a clientes de telefonía celular, ¿me tendré que comprar uno de esos aparatejos raros para entender esta jodida tecnología? Me contaron que son caros… ¿Para qué jolines la gente gastará en esas boludeces? ¿Acaso no es más fácil llamar desde una cabina?”. Mirando el techo me acordé de un viaje que había hecho a Buenos Aires un par de años atrás - cuando recién empezaban a aparecer los primeros zapatófonos 0024 - Imagen de ingenia-comunicacion.com- y de cómo quedé shockeado al descubrir que la mitad de los tipos - que caminaban agitados por Florida, vestidos de ejecutivos y con maletín en mano - hablaban por… ¡¡CELULARES DE JUGUETE!!

 

     Después de este último pensamiento me quedé sin ovejas para contar. Se me cruzaban imágenes de la Señora de los anillos con ideas locas acerca de cómo sería un headset. “¿Será como en las películas? ¿Podré tener mi cestito de basket para hacer puntería mientras hablo con los clientes?”

 

     Hacía un calor de perros - los eneros cordobeses son tremendos - y yo sin un mango para comprarme un pedorro ventilador. Esa sería mi primera adquisición, claro.

La señora de los anillos II

Abril 30, 2008

 

      (Esta historia empezó acá.)

     “Busco ser útil”. La frase apareció de la nada y sonó tan brillante que en la sala se hizo un silencio casi teatral. Todas las luces estaban encendidas sobre mi cabeza y la señora de los anillos me miró con gesto aprobatorio y sonrisa satisfecha. Ya estaba, ya había hecho mi parte.

     Salí de la entrevista con una sensación increíble: había logrado una buena impresión. Ahora dependía de ellos. La esperada llamada no tardó en llegar, un par de horas más tarde me confirmaron que me habían seleccionado y que tenía que hacerme los exámenes médicos al día siguiente. Esa misma noche, con mis amigos, festejamos hasta la madrugada. No sabía lo que se venía.

     El lunes siguiente volví a ver a Grace. Nos dio una clase de “actitud” para atender el teléfono:

     “Yo crié a mis hijas por teléfono, por eso me odian. Pero no me importa porque me reconocen por ser  eficaz y proactiva - pulgares arriba - y esa es una satisfacción que sólo me la da el trabajo”.

     (¡CHAN! ¿A dónde jolines me metí?)

     “Para atender a un cliente hay que sonreír, porque la sonrisa se escucha. Hay que tener sonrisa telefónica.”

     (¡Porrr Dió! ¿Qué me está diciendo esta mujer?)

     “A continuación, les voy a mostrar un video en el que se explica cómo se hace para ser proactivos”, dijo levantando otra vez los dos pulgares y con sonrisita cínica.

     Este video es algo parecido a lo que nos mostraron aquel día (imagínense mi cara de espanto y de resignación). Fíjense que esta “mujer exitosa” tiene los pulgares levantados casi todo el tiempo. Se ve que es algo inevitable: a mí se me levantan solos apenas pronuncio dicha palabra.

 

 

     (Esta historia continúa acá).

La señora de los anillos

Abril 17, 2008

     Fue mi primera entrevista seria de trabajo. Era para una empresa tercerizadora de atención al cliente. Estaba muy entusiasmado: ser “rep” empezaba a ponerse de moda y, además, hacía varios meses que buscaba laburo. ¡No podía desaprovechar la oportunidad!

 

0014 - Imagen de buscandounasalida     Nos recibieron en una sala con mesas puestas en círculo. Éramos como veinte personas, todos chicos como yo. Entonces hizo su entrada cual vedette: alrededor de cuarenta años, bronceada, pintarrajeada y con una tonelada de bijouterie que la adornaba cual arbolito de navidad. Encima se llamaba “Grace”. Look más menemista, de la época del uno a uno, imposible.

     La mujer gesticulaba demasiado, revoleaba sus anillos (dorados en la derecha, plateados en la izquierda) para todos lados -debí suponerlo: un ejemplar con semejante facha no podía ser seria-. Nos explicó que el trabajo era para una empresa de telefonía celular, que el sueldo era muy bueno, que íbamos a tener los fines de semana libres con guardias -optativas, claro- una vez por mes, que íbamos a tener planes especiales para empleados y descuentos por pertenecer a la compañía. Por supuesto, para todos nosotros, la propuesta sonaba a tierra prometida.

     Me tocó hablar penúltimo y nunca había sentido tanta presión: Había que decir algo original, algo brillante. Todos venían diciendo que querían progresar, insertarse en el mundo del trabajo, crecer laboralmente, blablablá… y un montón de frases hechas que sonaban a discursito ensayado. Grace se esforzaba por no bostezar, mientras anotaba en un papelito quién sabe qué cosa de nosotros. Mi turno se acercaba peligrosamente…

     (Esta historia continúa acá).