¡Escapando de la frivolidad!

Tu historia me tocó

La Felicidad Está En…

… ¿el dinero? No.

… ¿la salud? No.

… ¿el amor? No.

… ¿la vocación? No.

… ¿viajar? No.

Así es: la Felicidad está en NO TENER MIEDO. Acabo de aprender esta lección de Albert Casals (un chico que tiene apenas 19 años) y es lo más sabio y más sensato que he escuchado en estos últimos diez años. Después de haber visto este video -en el blog de Hernán Casciari- no puedo dejar tener curiosidad por cómo sigue la historia; y parece que no me voy a quedar con las ganas…

Es que Casciari y su amigo, el Chiri, están por lanzar a la calle (y al mundo) la revista que “exactamente” querían hacer: ORSAI, una publicación semestral de doscientas páginas, que una vez soñaron este par de amigos, sus colaboradores y todos los que ya la compramos, sin ni siquiera adivinar el contenido.

Hace pocos días he logrado asegurarme mi ejemplar y, créanme, no ha sido nada fácil. Hernán ha establecido un sistema de distribución por packs de diez revistas cada uno. Así que, para conseguir la tuya, tenías que ubicar a alguien que estuviera dispuesto a comprar el paquetito que viene -dicho sea de paso- nada menos que de Barcelona. O sea: ubicar a un lector fanático de las obras de Casciari -como yo, que ya tengo tres de sus libros pero ni idea de sistemas de pago por internet-, o convencer a un librero de volverse kamikaze, o un hacerte amigo de un desquiciado acaudalado que quiera comprarse un pack solo para él. Pese a la falta de convencionalismos a la hora de comercializar, la revista se vende solita, como las pizzas de Comequechu:

Soy uno de los 10.080 lectores que ya tienen su Orsai reservada en todo el mundo. Ya estoy ideando un agujero negro en lo más recóndito de mi biblioteca, al que solo yo tendré acceso (a esta revista hay que cuidarla más que a un incunable). Amigos, familia: ¡NO SE PRESTA! ¡Con lo que me costó conseguirla!

En Orsai, Hernán había publicado una carta para libreros, que servía para convencer a los dueños de librerías de animarse a comprar un pack para comercializarlo en su local. La cartita debía ser presentada por nosotros, los lectores tímidos. Pero bueno, se ve que en Salta no solo también hay libreros tímidos, sino que además con poco criterio; así que la única forma de conseguir mi ejemplar fue por medio de un salteño (que no conozco) que se contactó con otro salteño que vive en Córdoba (al que tampoco conocemos ninguno de los dos) que ya tendría encargado el pack que va a ser distribuído en mi ciudad. No me siento tan solo: me acompaña en esta peripecia otra salteña (que tampoco me conoce, ni conoce a los otros dos -o yanosécuántos- involucrados).

¡Ay, Casciari, Casciari! ¿En qué lío me has metido? Encima, nos seguís tentando con los avances que vas publicando. Si termino siendo estafado no importa, valió la pena el riesgo porque “es todo tan simple y tan bonito, que te das cuenta de que te complicas la vida”. Y resulta que Albert tiene razón: no hay que tener miedo.


194

La noche del 30 de diciembre de 2004, 194 chicos perdieron trágicamente la vida, en un episodio que se podría haber evitado.

Eran chicos como vos, como yo, como tu hermana, como tu novio que fueron a ver un recital de Callejeros, una banda de rock, a República Cromañón, un local de Buenos Aires que estaba “habilitado” para apenas un poco más de mil personas de capacidad.

La abulia de los funcionarios estatales, la codicia de los empresarios, la ineptitud (o corruptibilidad) de los inspectores, la vanidad de los artistas y la idea descabellada de un pibe que prendió una bengala, desencadenaron la pesadilla: una media sombra colgada del techo se prendió fuego, se consumió velozmente derritiéndose y generando un humo muy tóxico, que cubrió a la concurrencia en segundos.

Imaginemos la situación: está todo oscuro porque no hay equipo generador, no hay ventanas, no hay extractores. Tus sentidos se distorsionan, no ves la salida, no ves a tus amigos, no podés respirar, la gente grita que las puertas están encadenadas, sólo hay estridencia y miedo, pisás gente y no falta mucho para que también te aplasten a vos, las gotas de plástico hirviendo que caen por tu espalda no te dejan pensar… ¿Sobrevivirías?

No lo sabés porque no estuviste ahí. Porque justo para ese recital no te alcanzaba la guita, porque tus amigos decidieron no hacerte la gamba e ir solo no da, porque era el cumpleaños de tu viejo, porque te quedaste dormido, porque no te gusta Callejeros, porque te gusta más la cumbia, porque no te gusta la música.

Nunca lo sabrás. Porque, a pesar de que hubo unos pocos condenados -que, en definitiva se pueden escapar porque no está firme el fallo y ahora están en libertad- y de llorar de rabia al ver que la justicia falló porque no todos han recibido su merecido, vos aprendiste.

Imagen de hualmanos.com.ar

Aprendiste que cuando vas a un espectáculo lo primero que tenés que ubicar es la salida de emergencia, que te vas a ir de un lugar que esté abarrotado de gente, que vas a decirle al mal nacido que prende una bengala que la apague, que te vas a cuidar vos, que vas a cuidarme a mí, que vas a cuidar a tus amigos, a tus hermanos, a tus hijos.

Desde hace cuatro años y medio hay padres que no pueden arropar a sus chicos por las noches, compañeros que no transitan más los pasillos de la facultad, bancos vacíos en los colegios, equipos de fútbol incompletos. No sólo la vida de ellos quedó trunca: la de los demás también se detuvo en una noche fatídica, desde la cual el tiempo parece no avanzar. 194 muertes no valieron la pena. Porque esto no tuvo que pasar.

Imagen de aguantelamanga


Buenas Intenciones

Que no sientas el sabor de la comida, que pierdas el apetito, que todo te reviente el hígado. Que tengan gusto rancio los huevos y las milanesas. Que no puedas probarlos en el almuerzo ni en la cena.

Que no soportes la luz del día, que se te claven todas las espinas. Que te quiebres los huesos, que te cacen y te desgarren los sabuesos. Que todo lo que toques se te rompa, que te tropieces mil veces, que el cuerpo se te cubra de golpes y hematomas.

Que sudes, que no haya jabón que te quite ese tufo a mugre, que los ojos se te crucen. Que des asco, que camines de costado. Que no te mire nadie, que no desees nada. Que la frigidez y la soledad te invada.

Que te quedes sin familia y sin amigos, que te quiten el saludo los míos. Que padezcas el abandono, que te retuerzas en el olvido.

Que nunca más se te llenen los pulmones de aire fresco. Que te prendas fuego, que las llamas te consuman igual que este calor que siento adentro. Que cuando te recuestes no dejes de recordar ese momento. Que no concilies el sueño. Que no se te borre nunca mi cara de desconsuelo.

Que el remordimiento te carcoma las entrañas, que lo sientas todas las mañanas. Que te ahogues, que convulsiones, que pasen sobre vos todos los vagones.

Y que te duela, que sufras este suplicio. Pero no te mueras, que sufras hasta el fin de mi existencia.

Imagen de T.P.



Yoani y Gustav

En Cuba, el malecón habanero ha guardado sus trajes de fiesta antes de tiempo. Las teclas de un ordenador prestado parecen ser presionadas de forma ágil, mientras el sonido distorsionado de un radio chino IL-14 se pierde en el bramido del mar.

Los ascensores soviéticos de la época de Brezhnev han dejado de servir pero los catorce pisos no son excusa para separarla del abrazo tibio de su hijo que la espera en casa. Este año quizás no le toque en suerte cambiar de refrigerador, pues el único requisito que debe cumplir es que su viejo aparato de treinta años funcione.

La Virgen Cachita no es protección suficiente. Los vientos rodean la isla, más implacables que el aguardiente. A Yoani le toca persignarse al revés, pues no ha aprendido a rezar. Las palmeras se agitan como látigos, su mano toca primero al hombro derecho y, los que observamos desde otro lugar, pensamos que sería mejor que se la lleven para dejarla libre y lejos, bien lejos, Fay, Hanna, Ike o Gustav.


Lo que Nadie Sabe

0028 - Imagen de acrobatas.blogia.comNadie arriesga por qué Florencia tiene nubes en los ojos.

Nadie intuye lo que Florencia oculta en el recinto oscuro y húmedo de su pecho.

Nadie sospecha el vacío que Florencia trae en el centro de su vientre estrecho.

Nadie imagina que Florencia interrumpió violentamente la gestación de su primogénito.

Todos creen que, cuando el momento le pareció propicio, Florencia decidió ser madre.

¿Por qué a su hijo lo llamó “Segundo”? Nadie lo sabe.


Hasta Luego

Se abrigó el corazón con el pullover de su padre y roció un pañuelo con perfume de su madre.0025 - Imagen de ecoworrier.com

Se peinó de memoria con los dedos y espantó las primeras lágrimas ensayando una sonrisa frente al espejo.

Cambió portafolios por mochila, zapatillas por alas y carnet de conducir por ticket de embarque.

Guardó el cepillo de dientes, el pasaporte y volvió a repetir en voz alta: “más vale empezar de nuevo.”

La última vez que vio su casa, los pasos en el pasillo ya no sonaban como antes.

Tiene todo lo que necesita. Lleva una foto junto a su pecho.

Besos húmedos y abrazos estrechos de amigos y familiares.

Antes de abordar, sólo pudo regalar algunos gestos.

Creyó que con un poco de música podría ahuyentar los pensamientos. Al despegar, un hondo y suspiro llenó sus pulmones de aire.

Al hundirse entre las nubes, Ismael Serrano aseguró: “Todos saben que las aves migratorias siempre encuentran el camino de regreso.”



Oscuro Destino

“Barrio Los Durazneros, manzana 13, casa 17”, decía el papelito arrugado en el bolsillo. En el colectivo repasaba las indicaciones, como si fueran una nueva oración recién enseñada por la catequista.

Un cartel de Coca Cola llama su atención mientras el transporte sale de la autopista. “Los Durazneros – dijo en voz baja -. Después del semáforo toco el timbre”.

0023 - Imagen de sabermas.blogia.com Solo en la parada, mirándose las zapatillas destrozadas, reconoció la caricia del sol cálido de la mañana. Un paso y ya no hay vuelta atrás. Es mejor no pensar. Da el primer tranco. Mientras avanza no deja de mirarse los pies, quizás estos sí se arrepientan y den la media vuelta que se necesita para salir corriendo. En el camino elige el recorrido de una acequia sucia y maloliente, con la esperanza de que lo lleve a otro lugar.

“Manzana 13, casa 15”. Está más cerca que nunca, se detiene y levanta la mirada, prefiere observar antes que dar un paso más. En el jardín de la casa 17 juegan dos nenes a la pelota. Los mira con atención, convencido de que nadie puede verlo. Alguien apurado pasa por su lado golpeándole el hombro, el golpe casi lo desestabiliza. Pero el desconsiderado pasa de largo sin siquiera mirarlo, toca la puerta de la misma casa y alguien sale a su encuentro.

Otra vez dirige su vista a las zapatillas viejas, tiene miedo de ser descubierto. El extraño entra a la casa. Ahora es el momento de acercarse. Da cinco pasos dudosos y contracturados, uno de los chicos patea la pelota con fuerza y vocifera: “¡Golazo!”. El grito lo sacude, igual que un despertar abrupto, y lo deja paralizado.

El desconocido que le había entumecido el brazo sale por la puerta que ambos tenían como oscuro destino, se detiene frente a él y, agitado y mirando para otro lado, le dice: “Hoy no venden, chabón, ya no queda nada”.



Yo También Contesté

(Para Juje)

Un mensaje mínimo basta para henchir el alma: “Ya contesté”, sonó cálido y tímido en la gélida noche blanca. Un té de hierbas para calentarse las manos y protegerse de la despiadada y fría claridad de la pantalla, sus pies envueltos por un par de medias ridículas y abrigadas, las piernas encogidas sobre el asiento y cubiertas por una manta.

Se dispone a encadenar las primeras palabras y el delicado soplido despide vapor de la taza, mientras yo hilvano sueños robados secretamente de su almohada.



Manual de Sexo Cibernético

Hoy el asombro me tomó por sorpresa mientras, sentado frente a mi computadora, almorzaba un descomunal sándwich de milanesa… Estaba chateando, tratando de no manchar con mayonesa mi lindo teclado recién estrenado cuando, al mismo tiempo que tomaba el segundo trago de gaseosa, un amigo me confesó -así, sin anestesia- que tuvo sexo cibernético.
Por supuesto, en el ahogo, la Coca fluyó por la nariz, un trozo de pan voló contra el monitor y… ¡todavía no encuentro al desafortunado pedazo de milanesa! Mientras intentaba recuperar el ritmo de la respiración y me cercioraba de que el bocado no hubiera pasado a los pulmones, escribí, atorado: “¡No le to credo pueder!”.
Con los ojos rojos y congestionados quise preguntar todo junto: “¿Y cómo es eso?”, “¿Qué le decías?”, “¿¡¿Cómo, dónde, cuándo?!?”. Mis dedos escribían frenéticos, contracturados, pegajosos.

Había leído al respecto, había escuchado que el amigo del primo de la cuñada de un amigo de un amigo tenía experiencia en el tema. Pero nunca tuve una fuente tan cercana como esta. Obviamente, me imaginaba que la experiencia suponía algún tipo de acción masturbatoria pero, infelizmente, no pude saciar mi curiosidad ante semejante novedad. “¿Con qué mano escribías?”, pregunté. Mi amigo no quiso dar ninguna explicación satisfactoria, salvo respuestas evasivas como: “No te voy a contar”, “Me da vergüenza”, “Es privado”…

Así que no tuve otra opción que imaginarme los detalles del obsceno –y dialógico- acto amatorio. Después ustedes me dirán si estoy pifiando mucho:

- Hola, yo MazingerZ1977. ¿Cómo te llamás?

- Hola, yo Ximeguiónbajoguerrera.

- ¿Navegás siempre por acá?

- Sí… Bah, depende. Si hay alguien conectado seguro. :P

- ¿Qué te parece si abrimos una ventanita juntos? :)

- ¡Oia! Me da un poquito de pudor… Pero dale, me pongo como No disponible. ;)

- ¡Buenísimo! ¿Qué preferís? ¿Mi fondo o el tuyo?

¡¡Mmmmhh!! ¡Ese me ciber-erotiza mucho!

- ¡Ahhhh! ¡Me gusta que me hagás así con el guiño del chanchito! Qué linda puerquita sos, ¿ehh?

- ¡Ay, tonto! ¡Me hacés tildar! A ver… Haceme un click ahí, ¡justo en el centro de mi arroba!

- ¡Mhhh! ¿Te gusta ahí? No me muevas tanto el mouse, me mareás… Así, despacito…

- ¡Ufa! ¡No metas el cursor todavía!

- Bueno, mi amor, no te enojes; ahí te mando un zumbido… ¿Te gusta?

- ¡Qué rico! Pero esta posición ya me aburre. ¿Tenés otra fotito?

- ¿Esta te gusta? ¡Me muero porque me entregues tu mail alternativo, mamita!

0016 - Imagen de buscandounasalida

El teclado, claro, no se salvó de la tos convulsionada y mejor ni doy una idea de cómo quedó (Nota: Forrar toda la máquina hoy mismo en papel film). Siempre me pasa esto por culpa de algunos amigos desconsiderados.



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