Michael Jackson is dead

Junio 25, 2009 by Federico Gauffin

 

     Se nos fue un grande. Mi pequeño homenaje:

Hold me
Like the river jordan
And I will then say to thee
You are my friend

Carry me
Like you are my brother
Love me like a mother
Will you be there?

Weary
Tell me will you hold me
When wrong, will you skold me
When lost will you find me?

But they told me
A man should be faithful
And walk when not able
And fight till the end
But Im only human

Everyones taking control of me
Seems that the worlds
Got a role for me
Im so confused
Will you show to me
Youll be there for me
And care enough to bear me

(lead me)
(lay your head lowly)
(softly then boldly)
(carry me there)

(hold me)
(love me and feed me)
(kiss me and free me)
(I will feel blessed)

(carry)
(carry me boldly)
(lift me up slowly)
(carry me there)

(save me)
(heal me and bathe me)
(softly you say to me)
(I will be there)

(lift me)
(lift me up slowly)
(carry me boldly)
(show me you care)

(hold me)
(lay your head lowly)
(softly then boldly)
(carry me there)

(need me)
(love me and feed me)
(kiss me and free me)
(I will feel blessed)

(spoken)
In our darkest hour
In my deepest despair
Will you still care?
Will you be there?
In my trials
And my tripulations
Through our doubts
And frustrations
In my violence
In my turbulence
Through my fear
And my confessions
In my anguish and my pain
Through my joy and my sorrow
In the promise of another tomorrow
Ill never let you part
For youre always in my heart.

 

Imagen de latimes.com 01

 

No es lo mío la fotogenia

Junio 15, 2009 by Federico Gauffin

 

     Después de años de no reconocerme en fotos, no queda otra que asumir que soy un discapacitado a la hora de salir decentemente. Y eso que me esfuerzo: he practicado varias “caras de foto” para solucionar el problema. Pero nada…

 

     Curiosamente, no se trata de un flagelo privado: también les pasa a otros, aunque no es hereditario ni contagioso. Los casos en los que el damnificado sale menos perjudicado son en los que, efectivamente, “NO SALE” en la foto. A modo de ejemplo, en las próximas cinco fotos, podemos jugar a “¿A dónde está FEDE?”:

 

0069 - Imagen de buscandounasalida - 01

 

     Menos mal que la foto que sigue fue sacada en mi cumpleaños:

 

0069 - Imagen de buscandounasalida - 02

 

0069 - Imagen de buscandounasalida - 03

 

0069 - Imagen de buscandounasalida - 04

 

0069 - Imagen de buscandounasalida - 05

 

     También está la típica foto “ideal” que uno se quiere sacar… Hasta que aparece “el colado” para modificar la idea original y, en consecuencia, perjudicando seriamente el “gesto de foto” que uno ya venía ensayando:

 

0069 - Imagen de buscandounasalida - 06

 

0069 - Imagen de buscandounasalida - 07

 

     La patología comienza a manifestarse en la niñez con una pequeña pizca de infortunio:

 

0069 - Imagen de buscandounasalida - 08

 

     Pero la desgracia no es pasajera: sigue durante la vida de adulto:

 

0069 - Imagen de buscandounasalida - 09

 

     Llegamos a la conclusión de que la fotogenia no es para todos (por lo menos no para mí) y de que no hay Photoshop que ayude. Aquellos que se sientan identificados con este trastorno, pierdan las esperanzas: saldrán mal en las fotos y los videos hasta el fin de sus días. Pueden lograr una especie de autoengaño ensayando “caras de foto”, como les decía más arriba. Pero, en lo posible, traten de ponerlas en práctica en el momento indicado: cuando sale el flash:

 

0068 - Imagen de buscandounasalida - 10

Internetless life sucks!

Junio 9, 2009 by Federico Gauffin

     Ya casi un mes y sigo sin internet… Ya vuelvo, ¡¡ya vuelvo!! (o, al menos, eso espero)

Hablemos de musicales

Mayo 3, 2009 by Federico Gauffin

     ¿Qué sería de las películas sin música? El sonido crea el ambiente, el contexto necesario para poder absorber el contenido de una escena al máximo. Es un desafío y no siempre se logra ese clima. Aquí hay algunos ejemplos exitosos. Elegí los que son, a mi criterio, los mejores. Se aceptan sugerencias.

     “El Mago de Oz” se estrenó en 1939. Una jovencita llamada Dorothy es literalmente secuestrada por un tornado que la deposita en una tierra de fantasía. La canción es “Somehere over the rainbow”, interpretada por la protagonista, Judy Garland, quien la cantó hasta el fin de sus días.

 

     “Cats” es un musical de Andrew Lloyd Webber que estuvo en las marquesinas de Londres por casi treinta años y que ha sido traducido a veinte idiomas (en la Argentina no se presentó nunca, lamentablemente). La primera vez que lo vi me quedé con la boca abierta un buen rato (y eso que no soy muy fácil de impresionar) y, cada vez que lo vuelvo a ver, repito el mismo gesto de forma refleja hasta que se me secan las amígdalas. La canción que elegí en esta oportunidad es “Memories”, interpretada por Elen Paige, quien encarna a la gata ‘Grizabella’ -una vieja felina que a la que ya nadie quiere acariciar porque su pelaje está maltrecho y perdió el glamour de su juventud-. No elegí otro tema porque me pareció que este era el más conocido (además, quiero reservar material para otro post).

     ¡Ayayay! ¡Si habré llorado como un marrano de chico por culpa de “Anita la huerfanita”! “Annie” se estrenó en 1982 y debe haber llegado a mis manos en 1988, más o menos. Mi prima tenía la banda shonora en eshpañol en casshette (¡joer, tío!) y me shabía todash lash canzionesh. No conseguí el tema que quería en castellano (”Tal vez”), así que acá está el original: “Maybe”.

 

     Más de un suspiro me ha robado Olivia Newton John. De “Grease” elegí “Hopeless devoted to you” porque me pareció que es la canción en la que está más inspirada, ¿no les parece?

 

     Hay dos motivos por los que escogí “Cambio de hábito II”. Uno se llama Lauryn Hill y el otro se llama Ryan Toby. Cantan “Joyful Joyful” y “Oh, happy day” respectivamente. Ya de chiquitos pintaban ser artistazos, que lo tiró.

     Elegí esta versión de “I Say a Little Prayer” porque, cada vez que la veo, me provoca sonrisas compulsivas y ganas frenéticas de cantar y hacer palmas al ritmo de la canción, como si fuera uno más de la mesa.

 

     “Realmente amor”… ¡Snif, snif, snif! Dos escenas recontra ‘puñalada’. Una con “All I want for Christmas is you” -cantada por otro pequeño-gran prodigio: Olivia Olson- y “All you need is love“. (por razones que desconozco, Youtube no me deja colgar los dos videos de esta peli. Hagan click sobre los vínculos que puse en los títulos de las canciones y los van a poder ver).

     Y bueno, lo mejor para el final: “Moulin Rouge”. Y aquí el interrogante: ¿A dónde tenía McGregor escondida semejante voz? Nicole está tremenda pero sus habilidades vocales no me terminan de convencer. Los dos primeros temas sobre el amor y la entrega (del corazón, mal pensados): “Your song” y “Elephant Love Medley”. El último, “Roxanne”: una sobredosis de sensualidad, traición, codicia y desesperación… ¡¡Todo junto!!

 

¡A la mierda! ¡Salud!

Abril 16, 2009 by Federico Gauffin

 

Pequeño panda estornudador… Poderoso el chiquitín.

Buenas intenciones

Abril 10, 2009 by Federico Gauffin

 

     Que no sientas el sabor de la comida, que pierdas el apetito, que todo te reviente el hígado. Que tengan gusto rancio los huevos y las milanesas. Que no puedas probarlos en el almuerzo ni en la cena.

 

     Que no soportes la luz del día, que se te claven todas las espinas. Que te quiebres los huesos, que te cacen y te desgarren los sabuesos. Que todo lo que toques se te rompa, que te tropieces mil veces, que el cuerpo se te cubra de golpes y hematomas.

 

     Que sudes, que no haya jabón que te quite ese tufo a mugre, que los ojos se te crucen. Que des asco, que camines de costado. Que no te mire nadie, que no desees nada. Que la frigidez y la soledad te invada.

 

     Que te quedes sin familia y sin amigos, que te quiten el saludo los míos. Que padezcas el abandono, que te retuerzas en el olvido.

 

     Que nunca más se te llenen los pulmones de aire fresco. Que te prendas fuego, que las llamas te consuman igual que este calor que siento adentro. Que cuando te recuestes no dejes de recordar ese momento. Que no concilies el sueño. Que no se te borre nunca mi cara de desconsuelo.

 

     Que el remordimiento te carcoma las entrañas, que lo sientas todas las mañanas. Que te ahogues, que convulsiones, que pasen sobre vos todos los vagones.

 

     Y que te duela, que sufras este suplicio. Pero no te mueras, que sufras hasta el fin de mi existencia.

 

 Imagen de T.P.

Alfonsín y nuestra herencia

Abril 2, 2009 by Federico Gauffin

 

     Cuando tenía cinco años mi madre me vistió de rojo y blanco y me arrastró a la calle. Apurados, compramos una boina y una banderita con los mismos colores y nos unimos a miles de personas en la Avenida Belgrano de Salta, mi ciudad. Poco entendía yo de tanta movilización y poco recuerdo de aquella noche pero lo que permanece intacto es la sensación de excitación, de alegría. “Va a volver la democracia”, me dijeron los grandes. Me subieron a los hombros de alguien y, a metros de mí, un hombre enérgico en sus palabras y en su tono de voz nos aseguraba que con la democracia se vota pero también se come, se cura y se educa. Fue en 1983 y el hombre era Raúl Ricardo Alfonsín.

 Imagen de lanacion.com

     Los argentinos vivíamos épocas oscuras y violentas. La falta de libertad de expresión y de prensa, el miedo, la opresión y el secuestro indiscriminado de personas por parte de los gobiernos militares ya no tenían sustento ni aceptación popular y, pronto, la situación se les iba a ir de las manos. La guerra de las Malvinas fue el último manotón de ahogado, miles de proscriptos sufrieron las consecuencias y la Argentina la condena mundial. Para entonces, Alfonsín ya era militante de la Unión Cívica Radical, partido en el que no era la primera figura pero tenía una gran fuerza. Con un pequeño grupo de gente de su confianza empezó a investigar los rastros de los secuestrados, sin tener ni a un solo conocido entre los desafortunados. Dedicó su vida a buscar cura para los recurrentes problemas de un país azotado por la violencia y por los arrebatos de quienes querían ejercer el poder: “Los argentinos debemos volver a ser pioneros, debemos marchar hacia nuevas metas, con la dignidad recuperada de los hombres libres, con la alegría de una libertad creadora”. Alfonsín apareció en escena política como una figura refrescante y se presentó ante la sociedad como el garante de la recuperación de las instituciones. Frente a la mecánica del terrorismo de estado, propuso una salida pacífica: “Vamos a constituir la unión nacional y consolidar la paz interior”.

     Ganó las elecciones y asumió el 10 de diciembre del mismo año, fecha del Día Internacional de los Derechos Humanos. Fue una época inolvidable porque dejábamos atrás el terror: “Compatriotas, iniciamos una etapa nueva de la Argentina”. Luego de recuperar la libertad para nosotros, lo reconocimos como el padre de la democracia. Nunca renunció a llamar al diálogo: “Es imprescindible que nos demos cuenta de que tenemos que trabajar juntos, que es necesario el diálogo, no simplemente entre gobierno y oposición…”. Y sí, Raúl tenía un espíritu conciliador, igual a un padre que aconseja a sus hijos para que no estén enemistados.

     Y como todo padre que tuvo aciertos, también cometió errores. La medida más recordada del gobierno alfonsinista fue hacer lo que ningún gobierno latinoamericano se había atrevido: juzgar a los militares. Al mismo tiempo creó la Comisión Nacional de la Desaparición de Personas (CO.NA.DE.P.), presidida por Ernesto Sábato. Después de un año de trabajo, el informe titulado Nunca Más se hizo público con las pruebas de más de ocho mil desapariciones -una tarea muy ardua pero nunca suficiente, pues los desaparecidos fueron varios miles más-. Pero luego de que los militares fueran sentenciados, Raúl promovió las leyes de obediencia debida y de punto final: él no quería que los juicios atravesaran a la sociedad con las controversias que generaban y con toda su carga emocional. La medida encendió los ánimos de las asociaciones vinculadas a las víctimas del proceso militar y de muchos que lo criticamos pero él -equivocado o no- tenía la fuerte convicción de que lo hacía por nuestro bien. En ese momento nos dimos cuenta de que, además de ser nuestro presidente, también era humano.

Imagen de lanacion.com

    Alfonsín murió en su departamento, rodeado de su familia, como un hombre común, sin opulencia, sin lujo. Fue el único presidente de la Argentina de los últimos tiempos que no tuvo que desfilar por tribunales y el único que no se creyó con el derecho de enriquecerse por sólo haber detentado el poder. Hoy, 2 de abril, fue enterrado. En la misma fecha de 1983 se convocaba a las elecciones y el mismo día también se rinde homenaje a los veteranos y a los caídos en la Guerra de Malvinas.

     Hoy, los argentinos nos sentimos un poco huérfanos. Pero Alfonsín nos dejó una herencia: un ejemplo, una esperanza y un consejo. Será nuestro modelo de honestidad, sinceridad, cordialidad, y templanza. Nos inculcó la convicción de que nunca más habrá un gobierno no elegido por los argentinos y que esto que dependería de nosotros: “Mientras estemos persuadidos de que es imprescindible comprender que la democracia no sólo es libertad sino que también es búsqueda de la igualdad, iremos conformando una sociedad más libre, una sociedad que es -en definitiva- la respuesta que nosotros y nuestros hijos esperan para una realidad que es necesario mejorar”. Finalmente, nos aleccionó para que no sigamos a líderes, sino a ideas.

     Si hay algo que caracteriza a los jóvenes argentinos de mi generación es que casi no tenemos convicciones políticas. Pero estamos seguros de que Raúl fue el presidente más democrático, más libre de prejuicios y más amplio de pensamiento. Fue idealista, sensato, íntegro, decente. En definitiva, fue un buen hombre, un orgullo para el que se siente argentino y para el que quiera serlo. Vivimos una pérdida pero nos podemos consolar advirtiendo todas las cosas provechosas que nos dejó, asumiendo el compromiso de seguir y de transmitir su ejemplo de vida y conducta y reconociendo el privilegio de contar con sus ideas, que han dejado marca indeleble en la historia argentina.

     El mismo día que murió, mi mamá estaba de rojo y blanco por casualidad. Me conmovió tener que contarle la noticia al mismo tiempo que la veía vestida con esos colores. Al día siguiente, cuando asistió a una misa que se oficiaba en la Catedral de Salta en memoria del presidente, eligió la misma combinación para rendirle homenaje. Después de veinticinco años yo ya no me visto de rojo y blanco pero sigo el consejo que Alfonsín nos dejó: no seguir a un partido político o a un líder, sino a las ideas. Y esos ideales son los que voy a transmitirles a mis hijos.

 Imagen de lanacion.com

Treintitis (II)

Marzo 16, 2009 by Federico Gauffin

 

Si no soportás ni un solo tema de reggaeton,

no es que la música actual esté atentando en contra del buen gusto: pasaste la treintena.

 

Si una empanadita de morondanga te da acidez,

no es culpa de la cocinera: tenés más de treinta.

 

Si preferís salir en taxi para no dejar el auto en un estacionamiento,

además de haberte convertido en un mañoso, tenés treinta y pico.

 

Si el lenguaje de los mocosos adolescentes te parece rebuscado, raro y ajeno,

no te has convertido en un extranjero: ¡estás en los treinta!

 

Si, cuando vas al quiosco, comprás pañuelitos descartables en vez de preservativos,

estás hecho mierda por culpa de la treintena.

 

Si cada vez usás más cremitas que te recetó la dermatóloga,

además de estar para el geriátrico, es porque tenés más de treinta.

 

Si cambiaste la comida rápida por yogurcitos que alivian el tránsito lento,

no se trata de que tu intestino se haya revelado, es porque tenés treinta y tantos.

 

Si fuiste buscar una lapicera y volviste con un sacacorchos,

tu diagnóstico es Alzheimer y Treintena.

 

Si tenés la impresión de que podés perder un diente o más,

tu dentadura postiza acusará más de treinta.

 

Si empezaste a notar arrugas nuevas junto a los ojos,

no es porque te rías mucho: es porque pasaste la treintena.

 

Si cuando dormís te levantás cuarto o cinco veces al baño,  

no es porque hayas tomado mucho líquido:  ¡tenés treinta y pico!

 

Imagen de unoriginal.co.uk

Treintitis

Marzo 13, 2009 by Federico Gauffin

 

Si de un día para el otro te salen pelos en la nariz y en las orejas,

no te engañes: no te has convertido en el Hombre Bobo, pasaste la treintena.

 

Si cada vez te cuesta más recuperarte de una noche de juerga,

no es culpa de la calidad del alcohol, ni de cuánto tomaste: tenés más de treinta.

 

Si tu pancita cervecera ya es indisimulable,

asumilo: tenés treinta y pico.

 

Si te duele la cintura y la cabeza al mismo tiempo y no sabés porqué,

he aquí la respuesta: ¡treinta!

 

Si, cada vez que te reís, te ahogás como tu tía Elsita,

tenés treinta o un enfisema.

 

Si te dormís cuando tenés que estar despierto y te despertás cuando tendrías que estar durmiendo,

¡que vivan los treinta!

 

Si en tu alacena cada vez hay tés más raros,

no es porque te volviste inglés: tenés más de treinta.

 

Si los grititos chillones de tus sobrinos te revientan la cabeza,

no es porque se volvieron más agudos: tenés treinta y tantos.

 

Si, cuando apenas refresca, vos ya estás buscando el saquito para no enfermarte,

tu piel de gallina acusa más de treinta.

 

Si decidís ir al gimnasio y todo te cuesta el doble que años atrás,

no protestes (las pesas no son más pesadas que antes): pasaste la treintena.

 

Si, cuando te despertás, descubrís que dejaste una aureola de baba en la almohada

está todo perdido, viejo, ¡tenés treinta y pico!

 

Imagen de bp2.blogger.com

Slogan

Marzo 11, 2009 by Federico Gauffin

 

Viaje a Córdoba ida y vuelta,

$ 340.

 

Gastos de comida y transporte por una semana,

$ 300.

 

Estadía en casa de amigos y primos,

$0.

 

Aprobar una materia perno -como Epistemología- con una nota mediocre,

NO TIENE PRECIO.

 

 

Hay ciertas cosas que el dinero no puede comprar.

Para todo lo demás existe…

 Imagen de buscandounasalida.com

 

¿Solterón amargado yoooo?

Enero 9, 2009 by Federico Gauffin

 

     Hoy, durante el almuerzo, mi madre juntó coraje y -luego de un “No te vayas a enojar con lo que te voy a decir” para suavizar la hecatombe que se venía- soltó una frase que me dejó estupefactamente atragantado: “Sos un solterón amargado… ado… ado… ado…”

 

     ¡La pucha! ¿Tendrá razón? Si me lo hubiera dicho otra persona, vaya y pase pero… ¡fue mi madre! ¿Acaso las madres no ven a sus pichones como seres perfectos, únicos e irrepetibles? La última bofetada acomodadora de ideas la recibí a los diecisiete años pero esta dolió igual que las anteriores.

 

     ¿Cómo contestar a semejante aseveración? Lo único que me salió fue una risita nerviosa y mal fingida. Pero tenía que encontrar una salida a la situación: “Mamá, tengo treinta años. ¡No es como en tu época que se casaban a los quince!”. Me hice el ofendido y seguí comiendo como pude. El puré de papas se deslizó dificultosamente por mi garganta, como si me estuviera tragando una virulana rasposa y oxidada.

 

     La oración todavía vibraba, tambaleante sobre la mesa, y se repitió de forma tan persistente que no me quedó otra que ponerme a reflexionar sobre semejante manifestación: ¿Seré realmente “un solterón amargado… ado… ado… ado…?”

 

     Las malas experiencias con parejas pasadas me llevaron a concebir al amor sólo como un intercambio de fluidos, hormonas y alguno que otro sentimiento. ¿Alguien puede asegurar que hay algo más que eso? No. Llegamos a la conclusión, entonces, de que el enamoramiento pasa sólo en las películas, es un ideal, una utopía, hasta una fantasía. Así como Dick Van Dyke limpiaba chimeneas en Mary Poppins con inexplicable pericia, como Anita la huerfanita era sospechosamente adoptada por un multimillonario (sincerémonos: Anita era bien feíta), o como un extra-terrestre iba a parar al jardín de la casa de un nene afectado por el divorcio de sus padres. Son cuestiones que no se prueban empíricamente. No hay base científica que las sustente.

 

     Si el amor no existe para todos los demás, entonces, ¿por qué habría de existir para mí? Y, si existiera, ¿hay acaso en el mundo una persona exageradamente generosa, indescriptiblemente bella, inconmensurablemente sexy y totalmente incondicional para mí? ¿Hay sobre esta tierra un ser que abunde en atenciones hacia mis innumerables deseos y necesidades, que se desviva para darme placer, dinero y comprensión sin miramientos y que no tenga problemas en compartirme con otras colegas de poligamia? No lo creo.

 

     Aparte, tengo treinta años, ¡TREINTA AÑOS! La vida recién empieza para mí. ¿Por qué habría de fustigarme con escenitas de celos, con preguntitas estúpidas como “¿Me querés?”, o con compromisos que no quiero? ¿Para qué preocuparme por pañales y discutir a qué colegio voy a mandar a mis hijos?

 

     Soy un convencido de que no estoy solo. Conozco mucha gente de mi edad que prefiere mantenerse en la soltería por un buen rato todavía. A los veinte hice una promesa con una amiga de que, si a los treinta no estábamos casados, iríamos juntos al altar. Hoy -que ya estamos en la treintena- corrimos la edad tope a los cuarenta. Por eso, querida (santa, casta y pura) madre, la soltería no es un problema exclusivamente mío: Es generacional.

 

 

 

E’ un mondo difficile

e vita intensa

felicita’ a momenti

e futuro incerto

il fuoco e l’acqua

con certa calma

serata di vento

e nostra piccola vita

e nostro grande cuore

 

Una ordinaria tarde de otoño

Diciembre 21, 2008 by Federico Gauffin

 

     El viento frío bañaba las calles solitarias durante la siesta. Las hojas grises rodaban sin destino, mientras las primeras gotas de una llovizna perezosa caían sobre el pavimento.

 

     Mis orejas frías y yo buscábamos algún rumor que nos indicara alguna despensa abierta. Sólo las ganas de comprar algo comestible para acompañar el mate me podrían haber impulsado a salir aquella tarde, casi muerta.

 

     Caminé bastante, hasta que: “¡Ahh, allá hay una abierta!”. No entendía cómo no la había visto antes, si estaba empapelada de afiches colorinches y calcomanías estridentes. “¿Por qué la gente dice ‘calCAMOnía’? ¿A caso somos calCAMOníacos?”, pensé y seguí caminando.

 

     Adentro esperaba una mujer ojerosa, despeinada, intuí que debía tener mal aliento porque parecía que recién se levantaba de dormir.

 

- ¿Criollos, facturas o bizcochos tiene?

 

- No. Galleta, nomá.

 

- ¿Y qué galletas tiene? – Pregunté reclinándome para mirar el contenido del mostrador. Y ahí estaban. Aparecieron iluminadas por un haz de luz unas de sésamo que ya se habían extinguido en todos los supermercados – ¡Déme esas! ¿Cuándo cuestan?

 

- Doce peso.

 

- ¿¡Doce pesos!? ¿Cómo se le ocurre venderlas tan caras?

 

- E lo que sale.

 

- Pero, no son importadas. ¡Esto es una estafa! ¡Yo trabajo en defensa del consumidor, la voy a denunciar!

 

     Metí mi mano en el bolsillo y saqué los doce pesos.

 

- Me las llevo y le exijo una factura.

 

     La cara de la vieja se desfiguró y, al cabo de unos segundos, había dos paquetes de galletas a dos centímetros de mi mano y un billete de cien dobladito que se veía por debajo.

 

- Lleveselá nomá, acepte lo do paquete de regalo.

 

- Guarde ese rollito, no se le vaya a resfriar la plata.

 

     Tomé los dos paquetes y los distribuí con los doce pesos en los bolsillos del piloto.

 

- Que tenga buenas tardes.

 

     La llovizna de antes se había hecho más copiosa. Las baldosas sueltas de la vereda que pisaba castigaban mis zapatos a escupitajos. El viento frío helaba mis orejas.

Imagen de miriamgrebeimages.com